Gestionar el estrés antes de las vacaciones no consiste en “aguantar un poco más”, sino en llegar al descanso con margen mental, menos exigencia y expectativas más realistas. Cuando los días previos se llenan de cierres pendientes, compras, planes y presión por aprovechar cada minuto, el cuerpo no cambia de ritmo de un día para otro. Por eso conviene preparar las vacaciones como una transición, no como un interruptor.
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